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¿QUE NOS ESTÁ PASANDO EN COLOMBIA Y EN EL MUNDO?

En estas últimas semanas hemos sido espectadores o víctimas de problemas a nivel mundial como la crisis alimentaria, la crisis financiera y en nuestra querida Colombia el impacto social por los “falsos positivos” y por la caída de las “empresas” ilegales de captación de dinero.  En este último suceso hemos visto tanto sufrimiento en los rostros de personas que ven su estabilidad personal y familiar afectada porque en algún momento creyeron ingenuamente en ofertas de ganancias “fáciles y efectivas”. Las consecuencias de estos fenómenos hasta ahora las estamos analizando, por ejemplo, hubo regiones colombianas donde la producción agropecuaria  se disminuyó en más de un 40% ante la fascinación del dinero fácil.

Me parecen oportunas las conclusiones de los obispos latinoamericanos reunidos el año pasado en Aparecida (Brasil) que constatan como la convivencia armónica y pacífica, se está deteriorando gravemente en muchos países de América Latina y de El Caribe. Ellos afirman que sus causas son múltiples:  “la idolatría del dinero, el avance de una ideología individualista y utilitarista, el irrespeto a la dignidad de cada persona, el deterioro del tejido social, la corrupción incluso en las fuerzas del orden, y la falta de políticas públicas de equidad social”. (cfr. DA n.78).  Sería bueno profundizar en cada una de las causas aquí señaladas.

Siempre que pienso en estas situaciones como creyente, que quiero ser, recuerdo las palabras de san Pablo en su carta personal dirigida a su discípulo Timoteo:

“La raíz de todos los males es la codicia: por entregarse a ella, algunos se alejaron de la fe y se atormentaron con muchos sufrimientos”. (1ª Tm 6, 10).   

Es lo que Eduardo Galeano llama “el mundo sin alma”, entonces: “ya no hay pueblos, sino mercados; no hay ciudadanos sino consumidores; no hay naciones, sino empresas; no hay ciudades sino aglomeraciones; no hay relaciones humanas, sino competencias mercantiles”.  

Aunque los pastores no somos, necesariamente, expertos en ciencias económicas, la Iglesia es maestra en humanidad al enseñarnos el amor de Dios. La referencia evangélica con que el Santo Padre Benedicto XVI ha meditado en torno a la incierta situación de las finanzas mundiales resulta muy iluminadora para nuestros días. Porque cuando el afán del lucro y la acción especulativa sin límites se imponen en los mercados, la persona humana está construyendo su casa sobre arena (Mt  7, 24-27). "Quien construye su vida sobre estas realidades, sobre la materia, sobre el éxito, sobre todo lo que es apariencia, construye sobre arena. Únicamente la Palabra de Dios es el fundamento de toda la realidad, es estable como el cielo y más que el cielo; es la realidad", ha dicho el Papa.

En estos días estamos iniciando un nuevo año litúrgico con este bello ciclo del Adviento, la Navidad y la Epifanía. Las tres palabras vienen a significar lo mismo: venida, nacimiento y manifestación. Ante la humanidad que busca, por todos los medios posibles, subir, estar arriba de todo y de todos, Dios baja lo más posible, toma forma humana, para humanizar y divinizar la humanidad. 

Jesús de Nazaret nace en una familia pobre y trabajadora, vive en una región desprestigiada y marginada de Galilea; fue rechazado en Belén, no teniendo donde nacer, fue perseguido por el tirano Herodes; para salvarlo su padres tuvieron que huir al exilio, fue acosado durante toda su vida por personas y grupos sociales poderosos de su época y finalmente fue crucificado en la cruz como un malhechor y un maldito.

“Jesús de Nazaret, el Verbo Encarnado, es el rostro humano de Dios y el rostro divino del hombre”. Para hacerse entender, habló el lenguaje humano de los sencillos de la tierra, para sentir lo que ellos sentían.  Nos dice el Concilio Vaticano II que Jesús, “trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre; nacido de la Virgen María se hizo verdaderamente uno de nosotros, semejante en todo a nosotros excepto en el pecado” (GS 22b).

 Los cuatro verbos usados: trabajar, pensar, obrar, amar; acompañados con la mención de las respectivas facultades o instrumentos de actuación: manos, inteligencia y voluntad, y, seguidos cada vez por el adjetivo humano, confiere a la afirmación una bella contemplación sobre el misterio de la Encarnación. Los primeros maestros de Jesús fueron, sin duda, José y María, en la escuela del hogar de Nazaret, pues el ambiente cálido de afecto y la actitud religiosa de ellos que vivían esperando la llegada de los tiempos mesiánicos, era un terreno favorable de formación religiosa.

En la época de Jesús, la mayor parte de la educación religiosa se realizaba en las propias casas, en familia, sobre la base de la curiosidad infantil, que pedían explicación de cuanto vivían  y veían realizar a sus padres y acontecía en el pueblo. Así en la escuela de José y María, “Jesús crecía en el saber, en estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres” (Lc. 2,52).

La pregunta que pudiéramos hacernos al comenzar un nuevo año litúrgico como discípulos-misioneros es: "¿qué haría Cristo si estuviera en mi lugar?". A Jesús seguramente le tocó vivir la cultura de la sobriedad y de la generosidad. A nosotros, acostumbrados a vivir en medio de la cultura del consumo y del individualismo, y ante un escenario de incertidumbre globalizada: ¿qué haría Cristo si estuviera en mi lugar?

Es una pregunta importante, una invitación que despierta las grandes potencialidades del corazón humano: encarnar a Cristo en el trabajo, en la familia, en las relaciones afectivas, en el estudio, en la profesión, en la vida deportiva, en la vida cultural, en la vida social. Y no nos cabe duda que Jesús seguiría defendiendo a los pobres, promoviendo la vida plena para todos y liberándonos de tanta   esclavitud personal y social.

Aprovecho la oportunidad para desearles a cada uno de ustedes una feliz Navidad y un prospero año 2009. Que el Niño pobre de Belén los enriquezca a todos con sus maravillosos dones de paz, de amor, de verdad y de justicia.  En la Pastoral Familiar del Minuto de Dios y en la fundación Comunidad Matrimonial Alegría seguiremos trabajando por la reconciliación y renovación de la familia colombiana

P. Raúl Téllez V. CJM

Pastoral Familiar del Minuto de Dios

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Comunidad Matrimonial Alegría, 2009