El Manejo de las Crisis en la Familia según el Papa Francisco

Con la buena noticia de la presencia del Papa francisco en Colombia en el mes de septiembre y como preparación a su visita, los invito a acoger su pensamiento sobre la crisis en la familia, fruto de Sínodo de los Obispos sobre la Familia.

TEXTO ESCOGIDO DE: Exhortación Apostólica Postsinodal, La Alegría del Amor (Amoris Laetitia), del Papa Francisco (2016). (títulos, enumeración y subrayados no son del original de la encíclica, son propios del presentador). 

PRIMERA PARTE

1. EL DESAFÍO DE LAS CRISIS

232. La historia de una familia está surcada por crisis de todo tipo, que también son parte de su dramática belleza. Hay que ayudar a descubrir que una crisis superada no lleva a una relación con menor intensidad sino a mejorar, asentar y madurar el vino de la unión

No se convive para ser cada vez menos felices, sino para aprender a ser felices de un modo nuevo, a partir de las posibilidades que abre una nueva etapa. 

Cada crisis implica un aprendizaje que permite incrementar la intensidad de la vida compartida, o al menos encontrar un nuevo sentido a la experiencia matrimonial. De ningún modo hay que resignarse a una curva descendente, a un deterioro inevitable, a una soportable mediocridad. Al contrario, cuando el matrimonio se asume como una tarea, que implica también superar obstáculos, cada crisis se percibe como la ocasión para llegar a beber juntos el mejor vino. Es bueno acompañar a los cónyuges para que puedan aceptar las crisis que lleguen, tomar el guante y hacerles un lugar en la vida familiar. Los matrimonios experimentados y formados deben estar dispuestos a acompañar a otros en este descubrimiento, de manera que las crisis no los asusten ni los lleven a tomar decisiones apresuradas. Cada crisis esconde una buena noticia que hay que saber escuchar afinando el oído del corazón.

233. La reacción inmediata es resistirse ante el desafío de una crisis, ponerse a la defensiva por sentir que escapa al propio control, porque muestra la insuficiencia de la propia manera de vivir, y eso incomoda. Entonces se usa el recurso de negar los problemas, esconderlos, relativizar su importancia, apostar sólo al paso del tiempo. Pero eso retarda la solución y lleva a consumir mucha energía en un ocultamiento inútil que complicará todavía más las cosas. Los vínculos se van deteriorando y se va consolidando un aislamiento que daña la intimidad. En una crisis no asumida, lo que más se perjudica es la comunicación.  (TRISTE DETERIORO:) De ese modo, poco a poco, (1)alguien que era «la persona que amo» pasa a ser (2)«quien me acompaña siempre en la vida», luego (3) sólo «el padre o la madre de mis hijos», y, (4) al final, «un extraño». 

234. Para enfrentar una crisis se necesita estar presentes. Es difícil, porque a veces las personas se aíslan para no manifestar lo que sienten, se arrinconan en el silencio mezquino y tramposo. En estos momentos es necesario crear espacios para comunicarse de corazón a corazón. El problema es que se vuelve más difícil comunicarse así en un momento de crisis si nunca se aprendió a hacerlo. Es todo un arte que se aprende en tiempos de calma, para ponerlo en práctica en los tiempos duros. Hay que ayudar a descubrir las causas más ocultas en los corazones de los cónyuges, y a enfrentarlas como un parto que pasará y dejará un nuevo tesoro. Pero las respuestas a las consultas realizadas remarcan que en situaciones difíciles o críticas la mayoría no acude al acompañamiento pastoral, ya que no lo siente comprensivo, cercano, realista, encarnado. Por eso, tratemos ahora de acercarnos a las crisis matrimoniales con una mirada que no ignore su carga de dolor y de angustia.

235. Hay crisis comunes que suelen ocurrir en todos los matrimonios, (1)como la crisis de los comienzos, cuando hay que aprender a compatibilizar las diferencias y desprenderse de los padres; (2)o la crisis de la llegada del hijo, con sus nuevos desafíos emocionales; (3) la crisis de la crianza, que cambia los hábitos del matrimonio; (4) la crisis de la adolescencia del hijo, que exige muchas energías, desestabiliza a los padres y a veces los enfrenta entre sí; (5) la crisis del «nido vacío», que obliga a la pareja a mirarse nuevamente a sí misma; (6) la crisis que se origina en la vejez de los padres de los cónyuges, que reclaman más presencia, cuidados y decisiones difíciles. Son situaciones exigentes, que provocan miedos, sentimientos de culpa, depresiones o cansancios que pueden afectar gravemente a la unión.

236. A estas se suman las crisis personales que inciden en la pareja, (1) relacionadas con dificultades económicas, (2)laborales, (3) afectivas, (4) sociales, (5) espirituales. Y se agregan circunstancias inesperadas que pueden alterar la vida familiar, y que exigen un camino de perdón y reconciliación. 

2. (CAMINO DEL PERDON): 

Al mismo tiempo que intenta dar el paso del perdón, cada uno tiene que preguntarse con serena humildad si no ha creado las condiciones para exponer al otro a cometer ciertos errores. Algunas familias sucumben cuando los cónyuges se culpan mutuamente, pero «la experiencia muestra que, (1) con una ayuda adecuada y (2) con la acción de reconciliación de la gracia, un gran porcentaje de crisis matrimoniales se superan de manera satisfactoria. (p.ej.ENCUENTROS DE RENOVACIÓN MATRIMONIAL-Minuto de Dios, Comunidad Alegría)) Saber perdonar y sentirse perdonados es una experiencia fundamental en la vida familiar»[254]. «El difícil arte de la reconciliación, que requiere del sostén de la gracia, necesita la generosa colaboración de familiares y amigos, y a veces incluso de ayuda externa y profesional»[255].

(3.DATO DE LA EXPERIENCIA) 237.Se ha vuelto frecuente que, cuando uno siente que no recibe lo que desea, o que no se cumple lo que soñaba, eso parece ser suficiente para dar fin a un matrimonio. Así no habrá matrimonio que dure. (CIRCUNSTANCIAS DE LAS CRISIS:) A veces, para decidir que todo acabó (1) basta una insatisfacción, (2) una ausencia en un momento en que se necesitaba al otro, (3) un orgullo herido o (4) un temor difuso. (5) Hay situaciones propias de la inevitable fragilidad humana, a las cuales se otorga una carga emotiva demasiado grande. Por ejemplo, (5.1) la sensación de no ser completamente correspondido, (5.2) los celos, (5.3) las diferencias que surjan entre los dos, (5.4) el atractivo que despiertan otras personas, (5.5) los nuevos intereses que tienden a apoderarse del corazón, (5.6) los cambios físicos del cónyuge, y tantas otras cosas que, más que atentados contra el amor, son oportunidades que invitan a recrearlo una vez más.

Hasta aquí la presentación de la primera parte sobre el manejo de las crisis según el Papa Francisco 

Los invito a enfrentar con sano realismo y esperanza cristiana las crisis que forman parte de la realidad de las parejas y familias y buscar los más pronto las ayudas adecuadas.  En Casa y Comunidad “Alegría” estamos dispuestos siempre a acogerlos.

Los confío a todos en mi oración a los corazones amantes y misericordiosos de Jesús y de María.

Fraternalmente,,

P. Raúl Téllez V. CJM

Director Pastoral Familiar Minuto de Dios
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